jueves, 29 de octubre de 2009

De excursión por yacimientos cántabros

Si algo se echa de menos en una carrera como Historia, y especialmente en Deusto (aunque no se en el resto de Universidades cómo será el tema) es la realización de salidas de campo (excursiones). Este lunes se presentó una de esas pocas oportunidades para la asignatura de Historia del urbanismo, organizando el profesor una serie de visitas a diferentes yacimientos romanos en Cantabria: la villa de Camesas rebolledo, la ciudad de Julióbriga, junto a Reinosa, y la calzada romana que unía los puertos del norte cantábrico con la meseta.
A la mañana visitamos los dos primeros para dejar el tercero para después de comer.
La villa de Camesas Rebolledo es bastante curiosa, ya que es una casa de clase alta, con su termas y todo sobr ela cual se construyó posteriormente una iglesia medieval con una necrópolis. También en la zona de las termas se encontraron restos de enterramientos visigóticos, anteriores a la susodicha iglesita. La visita está bien, la guía explicó de manera entendible y amena y, otro punto a resaltar, las vistas desde los exteriores del yacimiento son preciosas.
Julióbriga es una ciudad romana cuya superficie excavada es, en relación con lo que se presupone, una nimiedad. La llamada "Casa de los morillos", otra casa más grande, el foro junto y bajo a la ermita y una parte del barrio de las clases bajas por así decirse es lo que a fecha de hoy tenemos para ver. Además cuentan con una reproducción idealizada de la "Casa de los morillos" con su cocina, triclinuim... y un museo en el piso superior. Lo más "fecal" de tod es el vídeo introductorio, en el que no hacen más que poner imágenes de Pompeya, a un tío fantasmal soltando comentarios "chistosos" y poca ostia más.
Tras la comidas y su(s) anécdota(s), tiramos rumbo al monte a ver la calzada romana, en una suerte de excurisón de senderismo bastante entrañable por cierto. Ojalá me hubiese llevado la mochila para llenarla de castañas.
La vuelta a casa tras la caída de la noche durante el descenso fue tranquila y medio silenciosa, con el cuerpo fatigado pero el alma contenta

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