lunes, 21 de diciembre de 2009

A colación de un artículo de Glenn Blackburn que nos dieron en clase, "Intelletual and spiritual issues in technological age", hicimos un comentario que he decidido colgar aquí, aunque la redacción me quedó un poco chuchurría:

El autor analiza en este artículo el pensamiento posterior a la II Guerra Mundial en relación al impacto que en él han tenido los avances científicos y tecnológicos. Así, primero expone dichos avances y su repercusión para luego pasar a analizar el pensamiento político, filosófico y religioso de esta época.
Al exponer los avances de la ciencia y la tecnología, lo comienza haciendo una reflexión sobre el “arma de doble filo” que suponen la ciencia y el conocimiento en tanto en cuanto a los fines a los que son destinados, para finalizar señalando los ámbitos en los que ha influido: los modos de vida, la industria armamentística, la globalización de la información, la concepción de la propia humanidad del Ser Humano y el medio ambiente.
Así, en este período encontramos un gran número de corrientes de pensamiento diferentes que podríamos englobar en pesimistas y optimistas respecto al progreso de la ciencia y del Ser Humano.
Las corrientes pesimistas remarcan las atrocidades de las que el hombre es capaz, tanto por lo que supuso la Segunda Guerra Mundial como por el contexto de la Guerra Fría; por vez primera existe la posibilidad real de destruir el mundo y acabar con todo. El miedo nuclear es una de las piezas clave del pensamiento de la época.
El progreso tecnológico ha servido para hacer posibles los totalitarismos mediante un férreo control de la sociedad. Expone ejemplos literarios como 1984 de George Orwell o las obras de Aleksander Solzhenitsyn, críticas con el estalinismo. Podría incluirse, entre otras, la obra de Aldous Huxley Brave new world (Un mundo feliz), que se adelanta al marco cronológico expuesto anteriormente (dicha obra fue publicada en 1932) pero que ya muestra parte del pensamiento posteriormente desarrollado. En la obra se critica continuamente el modelo de producción fordista, ironizando incluso con el sistema de datación que sustituye a Cristo por Ford. La sociedad presentada por Huxley en la obra es una sociedad feliz por haber erradicado los males de la sociedad pero que ha llegado a deshumanizar por completo a las personas: la reproducción se hace por incubación genética, predestinando a cada persona a uno de los estamentos sociales establecidos; se han eliminado todas las manifestaciones artísticas, religiosas y filosóficas y los sentimientos son reprimidos mediante una droga llamada soma, que hace que la gente sea feliz. La pérdida de sentimientos por parte de los humanos es una de las cuestiones que se manifiestan también en la posguerra, debido de nuevo a las matanzas llevadas a cabo en nombre de una serie de Ideas. A ello se suman los avances tecnológicos de la informática y la posibilidad de creación de robots, máquinas inteligentes que podrían llegar a imitar el comportamiento humano; ello hace plantearse qué significa realmente ser humano. Esto fue planteado, por ejemplo, en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick publicada en 1968 (así como su adaptación cinematográfica, Blade Runner, de 1982). La deshumanización es vinculada al racionalismo extremo, al funcionamiento mecánico, en definitiva a la concepción mecanicista del Universo, gestada en el siglo XVII. Un buen ejemplo de ello es el Dr. Manhattan, de la novela gráfica de Alan Moore Watchmen, publicada entre 1986 y 1987. El Dr. Manhattan es un superhéroe que logró poderes casi divinos, entre ellos clarividencia, teletransporte y manipulación de la materia. Su condición le aleja progresivamente de la humanidad, careciendo de sentimientos salvo por el lazo amoroso que le une a otro de los personajes de la obra. Él ve las cosas desde un punto de vista determinista, en la que los hechos están causalmente determinados por la irrompible cadena causa-consecuencia. Él es el único que está más allá de esta cadena, teniendo en sus manos el futuro de la humanidad, ya que puede, con sus poderes, frenar la guerra nuclear; pero se plantea el por qué debe actuar, si la humanidad para él no tiene sentido; está desapegado de ella.
Para algunos, la existencia humana es absurda y carece de sentido, dando lugar a movimientos filosóficos como el existencialismo o el absurdismo, considerado la radicalización del anterior. Este movimiento de corte nihilista hace hincapié en que nada tiene una causa o un por qué, a pesar de que siempre busquemos el principio de razón suficiente. También postula que la vida es algo insignificante, que no tiene más valor que el que nosotros le creamos. Su máximo representante es Albert Camus, y da lugar a una serie de manifestaciones artísticas que tienen su reflejo en la literatura, el teatro de lo absurdo o en el llamado humor absurdo. Volviendo a la obra Watchmen anteriormente expuesta, otro de sus personajes, El Comediante, pone de manifiesto esta visión hasta tal punto de comportarse como si todo fuese una broma.
La cuestión del deterioro medioambiental y el respeto a la naturaleza es otro de los problemas plantados a tenor del progreso y de la masificación tecnológica y científica, ya que si bien estamos haciendo más cómo nuestra vida, hipotecamos el futuro del planeta envenenándolo y destruyéndolo. El movimiento ecologista surgido en los años 50 ha tenido un avance importante en los últimos años concienciando a mucha gente con el problema medioambiental, siendo uno de los movimientos alternativos más importantes en la actualidad y a la que se han sumado partidarios de otras corrientes políticas.
La segunda mitad del siglo XX se presenta ante los ojos de muchos como aterradora y llena de peligro. En busca de una salida, Glenn Blackburn señala el triunfo de muchas corrientes religiosas, que acabarán derivando en fundamentalismos, así como el refugio en la lealtad étnica y el nacionalismo. Salidas cobardes y falsas bajo mi punto de vista personal, ya que sirven como escudo frente a la realidad y alienan al individuo.
El pesimismo filosófico y político frente al progreso tecnológico es una respuesta opuesta a la dada a partir del siglo XVII en Occidente, cuando los postulados del racionalismo y el triunfo de la ciencia moderna se erigen en estandarte. Pero la razón derivó en Idealismo, llevando a Occidente a imponer al resto del mundo su dominio y a luchas ideológicas en su seno que llevaron al triunfo de autoritarismos y totalitarismos. La ciencia fue utilizada como apoyo de las Ideas y utilizada para fines deleznables. Lo que en el siglo XVII representaba la luz frente al irracionalismo, se ha terminado por convertir con el paso del tiempo en oscuro y absurdo. Imponer y matar en nombre de unas Ideas es el resultado del triunfo del positivismo científico, que rechaza la subjetividad y el relativismo.
Por otro lado, el autor señala que el progreso tecnológico es recibido con los brazos abiertos por el liberalismo, el conservadurismo y el socialismo, ya que garantiza el bienestar y el logro de la felicidad. El estado de bienestar es fruto de estos avances, y la gente de a pie los recibe con entusiasmo: la televisión, el frigorífico, la lavadora, los medios de transporte… son recibidos con alegría por muchos (aunque siempre hubo escépticos), ya que hacen la vida mucho más cómoda.
Pero la aprobación de estos cambios también cuenta con trabas por parte de estas ideologías. El conservadurismo cuenta siempre con cierto temor al cambio, y no tolera algunas cosas, sobre todo en materia biológica, como el aborto, la reproducción asistida, o la clonación. Por su parte, el liberalismo se convierte en conservador en tanto en cuanto ve peligrar su posición de poder, y en lo que a la tecnología respecta, encontramos un ejemplo claro en la actualidad en la lucha contra la supuesta piratería. El miedo de las discográficas al cambio en la venta y distribución de la música hace que se escuden en leyes contra las copias digitales en vez de adaptarse a las nuevas oportunidades que ofrece Internet. A su vez, muchos artistas pueden darse a conocer con muchísima más facilidad gracias a este medio, minando el poder casi monopolístico de los grandes artistas sustentados por las discográficas.
El socialismo (también, en menor medida, el conservadurismo y el liberalismo) a su vez ha ido tendiendo a una posición más ecologista. El ecologismo muestra también su visión optimista a los avances científicos en cuanto a nuevas formas de energía se refiere, así como en métodos para frenar el deshielo de los glaciares, por ejemplo.
Todos estos puntos de vista forman parte del modo de ver el mundo que nosotros hemos heredado, y, aunque con una perspectiva diferente, forman parte del pensamiento actual. Algunos de los problemas planteados han ido desapareciendo, y otros han cobrado más fuerza. Nosotros formamos parte del mundo que nos toca vivir y somos los que podemos construir el futuro a partir de las bases con las que contamos. Sólo tenemos que reflexionar sobre ello y pensar cómo debemos actuar.

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