lunes, 28 de diciembre de 2009

Los santos Inocentes

Me gusta gastar bromas. No sé por qué, pero siento el impulso a hacer una broma cuando se presenta la ocasión. No hago bromas pesadas, pero hay a gente que le sientan muy mal. Será tal vez porque hay personas con las que acabo haciéndolas reiteradamente. Pero eso me gusta. Me gusta introducir cierto caos en la vida de las personas. Y me gusta que la gente que tenga todo en orden se sienta desconcertada con la introducción del caos para luego ir aprendiendo e ir adaptándose al caos. No todo es lo que parece, y me gusta hacerlo ver. Hasta que un día me pase como en el cuento de Pedro y el Lobo. Lo peor de todo es que siempre que hago una broma, hago claras señales de que lo es. O al menos a mí me lo parecen. Qué subjetivo es todo.
Hoy es un día para hacer bromas. Yo no he hecho ninguna. ¿Qué gracia tiene hacerlas en un día en que todos están alerta?

2 comentarios:

  1. ¡Vuelve a decir a la gente que te metieron en el calabozo y tuvieron que ir a pagarte la fianza!

    ¡Cuela seguro!

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  2. Jajajajajajaja

    ¡Esa es la broma más rara que he hecho en mi vida! Lo puse en el blog en plan coña, y tú sabías que era coña. Pero Dani y yo al de unos meses te empezamos a contar una historia, bastante creíble e incongruente a la vez, que al principio no te creías y acabastes tragándotela, y luego cuando te decíamos que era coña no te creías que era coña y pensabas que era verdad, hasta que Estefanía te sacó de dudas. Jajajaja, fue muy grande.

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