miércoles, 30 de septiembre de 2009

De garrula ley

Termina el tal vez único programa bueno de la Teleberlus española y, tras la aburrida publicidad, comienza una de esas basuras que esta cadena acostumbra a ofrecer a sus televidentes. Tomando como referencia el programa "Veredicto", de allá por principios de los 90, con una Ana Rosa Quintana que aún no utilizaba negros, la cadena berlusconiana reinventa su propio formato dándole aún más ese toque de fecalidad marca de la casa. Partiendo de la premisa de que todos son actores, incluido el público que supuestamente debate sobre el tema en cuestión, la cosa recuerda un poco a un programa de testimonios cutre en versión de juicios. Se plantea el caso, bastante obvios y/o ridículos en la gran mayoría; el denunciante y denunciado se ponen a discutir sin orden ni concierto hasta que el supuesto juez les manda callar y se va a "deliberar"(de antemano ya se supone lo que va a decidir); y entra el "público" en escena, descalificando o alagando a una u otra parte de la querella y discutiendo entre ellos sin mantenerse demasiado respeto. Algo reseñable son los clichés de los personajes del público: marujonas, derechones, capitalistas, algún jubilado, algún estudiante lerdo y los más pintorescos, dos mariquitas locazas con mentalidad marujona y bastante conservadora. En resumen, una representación de la prole garrula que ve este tipo de hez. Pero lo más gracioso es lo que supuestamente se pretende hacer con el "debate" generado en esta parte del programa, y es que dan una imagen de falsa doble moralidad para muchas veces querer enseñar que la ley no es moralmente correcta o que una acción inmoral está fuertemente punida, da lo mismo.
Ciertamente ver este circo una vez o dos mientras comes te hace gracia. Verlo unas cuantas te quita las ganas de probar esa apetitosa chuleta que tienes en el plato. Verlo demasiadas te hace refelxionar que, siendo el circo que es, tómatelo como tal; lo que no sé es si reírme con ellos, de ellos o de la gente que gusta de estas soplapolleces.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Buffet Libre

Desde su irrupción el el mundo hostelero estas dos palabras han arrasado por allí donde han pasado. Aquello del "coma lo que quieras" es algo muy atrayente, especialmente para aquellos que, como el abajo firmante, tienen un estómago de dimensiones bastante grandes y a prueba de balas. Pero además, en este país en que la cultura de lo gratis está tan presente, el buffet libre es para todo el mundo algo impresionante. "Tio, que puedes comer lo que quieras... ¡lo que quieras! ¡Hasta reventar!", es una frase bastante repetida por aquellos que recomiendan este tipo de restaurantes. Da igual que tu apetito no sea muy grande, el buffet libre es la hostia. Podrás comer la mima cantidad que en otro sitio que quizás te salga más barato, pero da igual, el buffet libre es la hostia.
Yo he sido, y en parte sigo siendo un fan de los bufffets libres de todo tipo, especialmente de los asiáticos, que son los que más proliferan por estos lares. Además, últimamente con el tema del wok y la plancha, en el que te cocinan al instante lo que desees, la cosa ha ganado enteros, sobre todo para aquellos escépticos que creen que lo que te sirven son sobras de otros días, carne de rata (o de gato, aunque eso a mi me da igual) y un sinfín de habladurías y leyendas urbanas, alguna de las cuales pueden ser incluso ciertas.
A pesar de todo, noto que me voy cansando de estos sitios. Se hace un poco repetitivo ir a cenar con los amigos siempre al buffet libre en vez de cambiar un poquillo, el comer hasta reventar para luego notar que los kilos de comida que tienes en el estómago quieren volver a salir fuera, hacen más dificultosos tus movimientos, y durante la digestión te sientes pesado, por no hablar de la miríada de pedos que durante el día siguiente estás continuamente soltando, con un fuerte olor a podrido. Aun así, confieso que siempre hay momentos divertidos con la comida, con el rellendo de vasos y botellas en el baño, y con el suscrito tema de las flatulencias. Y bueno, si es un chino, siempre te llevas unos palillos de recuerdo con un amplio abanico de posibilidades de uso: regalárselos a alguien, simular que tocas la batería, lanzarlos al escenario en un concierto o metérselos a un amigo por el culo, por decir algunas. Además, siempre ha existido el anhelo en el ser humano de llevar a la quiebra a un buffet libre, auqnue no se de nadie que lo haya hecho. De momento yo soy campeón en número de platos ingestados entre mis amigos, lo que no me llena de orgullo ni de vergüenza.
En fin, que tal vez mejor que ir a ponerse hasta el culo de comida sea mejor aprovechar la ocasión e ir a probar algo nuevo, sabroso y con fundamento para llegar, tal vez, al orgasmo gustativo. Eso si, antes que quedarme con hambre pagando una millonada en un restaurante de alta cocina, prefiero atiborrarme. Al menos, amortizo la inversión y sacio el apetito, que es la principal función de la gastronomía.

sábado, 26 de septiembre de 2009

De arriba a abajo

Acabo de empezar las clases y ya estoy metido de lleno en un trabajo y con más de medio cuerpo en otro. Hay que ponerse las pilas, y de verdad, no como siempre, que uno se hace promesas y luego le entra la vagancia y no hace nada. Lo primero que un aspirante a historiador debe hacer es investigar y, para ello, reunir una ingente cantidad de bibliografía, tanto en forma de monografías como de artículos de revistas, pro lo que está metido unas cuantas horas en la biblioteca buscando el queso como un ratoncillo. Ese trabajo es totalmente agotador, no sólo mentalmente, si no también físicamente, por auqello de ir subiendo y bajando escaleras a consultar unos malditos libros (y más en el caso de las revistas) que, en muchos casos, sirven de bien poco. Lo bueno de todo ello es que es enriquecedor en cuanto a la formación profesional como sano para mi michelesca anatomía y mi encolesterado sistema sanguíneo. Todo está perfectamente diseñado para que se cumpla aquello de mens sana in corpore sano.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Volver a empezar

Siempre hay un comienzo, como también hay un final. Pero entre el comienzo y el final hay muchos comienzos y muchos finales: pequeñas historias, grandes aventuras, etapas de una vida... Además, un comienzo puede ser sólo eso, un comienzo, el comienzo de algo grande, o el comienzo del final. Estas líneas son el comienzo de este blog, pero también comienza una nueva etapa en mi vida, a la vez que comienza el final de otra. Entre tantos comienzos, finales, y continuarases yo mismo me estoy haciendo un lío.
El caso es que, volver a empezar a escribir es, en parte difícil, tal vez una imbecilidad, y seguramente dejar papeles por el desierto. Pero tras haber estado año y pico enganchado a contar peripecias, uno siente la necesidad de continuar haciéndolo.