martes, 15 de junio de 2010

Del glamour, la elegancia y demás patochadas

En la vida hay que ser cool, o por lo menos aparentar serlo. Da igual tu estatus o rango, en ciertas ocasiones tienes que deformar la realidad mediante un boato que la enmascare, haciéndola más bonita y agradable, sin mayor finalidad que demostrar a los demás algo que no eres. Llevaré a la boda de mi prima la coja un vestido de la rehostia para que el resto de la familia se quede atónito ante mi porte. Señores, uno es en sí mismo elegante o no. Cada vez me gustan menos los dichos populares, bastante conservadores en su mayoría, pero aquel de "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda" me parece muy correcto. Es más, la mona vestida de seda muchas veces parece todavía más mona, no en su aspecto en sí, si no en su inútil intento de parecer lo que no es. Pero claro, la realidad trágica nos hace demasiado daño y tenemos que huir de ella. Tenemos que pintarnos de rosa aunque realmente seamos mierda. Y lo peor de todo es que encima el glamour es uno de los negocios más lucrativos, por el cual encima te quieren hacer pasar. Y eso es lo que no soporto. Tu harás lo que te de la prostituta gana, pero no me obligues a mí a ir también disfrazado; si quiero ir disfrazado ya lo haré yo a mi manera, y si quiero ir a la boda de mi prima la coja en chándal de Mike, ¿por qué no puedo? ¿No es acaso lo importante mi propia presencia allí? Pero la música seguirá sonando, dulces escalas ideales en las que no habrá lugar para la fuerza de la voluntad.

1 comentario:

  1. Pues yo creo que un dicho popular (acertado, claro) lanzado en el momento oportuno es un recurso maravilloso para no hablar más de lo necesario. Y eso es estupendo.

    Alegremente,
    Cristina.

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