viernes, 12 de noviembre de 2010

Crear polémica

Ya lo dijo en su día Torbe: la mejor forma de darse a conocer es ser polémico. Y la polémica es precisamente un arma que últimamente ha visto incrementada su utilización en unos porcentajes bastante elevados a mi parecer; no daré porcentajes supuestamente exactos ni nada de eso, eso se lo dejo a los que van de eruditos y se los inventan para creer que así sus argumentos son más sólidos; bueno, lo peor de todo es que la gente se cree esos datos.
Pero la polémica no sirve sólo para darse a conocer, si no que también es un me´todo por el cual puede hacerse que, mientras se hable de ese asunto que parece traer de cabeza a la sociedad, temas más serios e importantes sean dejados de lado, logrando así ocultar por un tiempo algún turbio asunto. La polémica sirve, en definitiva, como un opiáceo para el pueblo, parafraseando en cierta medida la manida frase de Marx.
Ya se apuntó a ésto por ejemplo a colación del bombo dado al caso Gürtel, que servía para tapar los problemas del gobierno y dañar a la oposición. Ciertamente, puede ser un ejemplo, aunque no de tanta significación como otros que han sido pasados por alto, ya que el caso Gürtel es grave de por sí.
El primero de los ejemplos al que me refiero atañe a mi "querido" Silvio, un personaje que podríamos decir que tiene un proceso cíclico en su creación de polémicas: tras un tiempo sin aparecer, comienza a liarlas poco a poco para rematar con algo que deslumbe el resto y posteriormente desaparecer de nuevo del panorama informativo durante un tiempecito. Y el señor Berlus es polémico tanto en sus acciones políticas como en su vida privada. El problema es que lo segundo suele solapar a lo primero. Las polémicas creadas a partir de sus escarceos con menores (véase hace ya año y medio o su relación reciente con una marroquí) y sus fiestas bacanálicas con velinas a cascoporro son una perfecta pantalla para que su labor como dirigente político de Italia no sea tan criticada. Y lo peor de todo es que esas pequeñas gilipolleces dispersan la atención sobre algo fundamental. Señores, critiquen su gobierno, no su vida privada, que, por otra parte, no parece que sea algo excesivamente reprobable.
Otro ejemplo se da en la medida de los apellidos tomada recientemente en España. Una medida que no cambia sustancialmente la situación ya existente, pero a la que se le ha dado una importancia exagerada. El apellido de la mujer ya podía ir por delante. Ahora debe haber mutuo acuerdo etc... pero, ¿no existía ya eso? ¿Acaso no se iban a poner de acuerdo en ello una pareja? Muy triste tendría que ser que no fuese así. Al final la nueva medida no ha hecho más que tapar los problemas de igualdad realmente existentes, y no ésta chorradita.
Iba a hablar también de la nueva polémica de la RAE. Sin embargo, aquí tengo mis dudas de si es por crear polémica en sí u otra causa. Porque vamos, no sé en qué cabeza filológica cabe que una palabra con dos sílabas separadas por un hiato ahora se convierta por arte de biribirloque en monosílabo unido por diptongo, que sería algo propio de un acento concreto y no de la lengua en sí. O estos señores se han vuelto tarumbas o quieren que se hable de ellos. O eso me parece a mí.

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