martes, 18 de mayo de 2010

Examen de 24 horas

Tras haber tenido nuevas experiencias de examen el año pasado en Bolonia, con sus exámenes orales a veces interminables por las largas esperas para realizarlos, el último año de carrera tocaba enfrentarse a algo nuevo: un examen de 24 horas. Este examen debe ser típico en otros lugares de Europa, por ejemplo Suecia, llamándose take home exam, o eso al menos me ha dicho una compañera. La prueba consiste en ir a la hora del examen y el profesor te da una pregunta extensa para desarrollarla durante todo el día, teniendo que entregar el examen escrito justo a la misma hora del día siguiente. Para ello, tienes la oportunidad de apoyarte en apuntes y bibliografía, lo cual facilita el examen; pero claro, la importancia del mismo está en la capacidad de relacionar conceptos y exponerlos con claridad, sintetizando en la medida de lo posible, especialmente en un examen, como era el caso, de Historia de la Filosofía. La verdad es que ha sido menos duro de lo que pensaba, y he tenido tiempo de descansar y plantear todo bien; incluso hacia el final, cuando iba prácticamente a contrarreloj, me ha sobrado casi una hora. La experiencia me ha gustado y ha sido fructífera, la verdad. Esperemos que la nota lo sea también.

miércoles, 12 de mayo de 2010

El comienzo del final

Hoy ha sido el último día de clase de mi carrera. Parece mentira, pero ya no queda nada para terminar, para ser un licenciado en Historia; uno de esos momentos que había deseado siempre, pero que cuando llega, uno siente nostalgia; tal vez porque sea el cierre de una importante etapa de mi vida; no voy decir que sea la más importante, porque quizá no sea así, pero sí en la que más conciente he sido de mis mi avance personal y en la que más he disfrutado. Por eso, a diferencia de cuando terminé bachillerato, el cual tuve unas ganas terribles por finalizar con grandes esperanzas cara al futuro, terminar estos años me da bastante pena; o bueno, quizá sea nostalgia. Nostalgia, un sentimiento al que me he tendio que adaptar muy rápido en los últimos años.
Se quedan atrás grandes profesores y grandes compañeros, aunque también alguna piedra en ambos sectores que le da un color diferente, y más entretenido si cabe. Cuatro años en los que he aprendido a sonreir, a irme encontrando realmente a mí mismo y a ir conociendo un poco mejor dónde estoy. Recuerdos que forman ya parte de mí, mi yo más cercano. Recuerdos que dentro de unos años harán que esboce demasiadas sonrisas y eche algunas carcajadas, como un profesor que en su última clase nos ha contado parte de su vida académica.
Pero toca mirar hacia adelante, al futuro incierto. Falta todavía cerrar esta etapa y abrir la siguiente puerta, saltando a lo desconocido... lo misterioso y dulce desconocido.