martes, 15 de junio de 2010

Del glamour, la elegancia y demás patochadas

En la vida hay que ser cool, o por lo menos aparentar serlo. Da igual tu estatus o rango, en ciertas ocasiones tienes que deformar la realidad mediante un boato que la enmascare, haciéndola más bonita y agradable, sin mayor finalidad que demostrar a los demás algo que no eres. Llevaré a la boda de mi prima la coja un vestido de la rehostia para que el resto de la familia se quede atónito ante mi porte. Señores, uno es en sí mismo elegante o no. Cada vez me gustan menos los dichos populares, bastante conservadores en su mayoría, pero aquel de "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda" me parece muy correcto. Es más, la mona vestida de seda muchas veces parece todavía más mona, no en su aspecto en sí, si no en su inútil intento de parecer lo que no es. Pero claro, la realidad trágica nos hace demasiado daño y tenemos que huir de ella. Tenemos que pintarnos de rosa aunque realmente seamos mierda. Y lo peor de todo es que encima el glamour es uno de los negocios más lucrativos, por el cual encima te quieren hacer pasar. Y eso es lo que no soporto. Tu harás lo que te de la prostituta gana, pero no me obligues a mí a ir también disfrazado; si quiero ir disfrazado ya lo haré yo a mi manera, y si quiero ir a la boda de mi prima la coja en chándal de Mike, ¿por qué no puedo? ¿No es acaso lo importante mi propia presencia allí? Pero la música seguirá sonando, dulces escalas ideales en las que no habrá lugar para la fuerza de la voluntad.

sábado, 12 de junio de 2010

Del comer poco y gastar mucho

Para todo hay una primera vez en la vida, y esta es mi primera vez como crítico gastronómico, y precisamente para criticar duramente. Ayer tuvimos la "Cena de Licenciatura" en el hotel Ercilla (donde acabamos yendo tras una larga historia que no hay tiempo ni ganas de explicar ahora) y he de decir que si mis expectativas no eran muy halagüeñas, la realidad ha sido mucho peor. Me he sentido estafado: 61€ por esa cena es un auténtico robo; me los tendría que haber guardado para gastármelos de una forma mejor, de putas por ejemplo. Pero analicemos primero el menú para criticarlo.
Primeramente unos entremeses a base de embutido, de bastante caliad y no mal de cantidad. Tras el embutido, llega el primer y más gordo chasco, los fritos. Gambas a la gabardina, buñuelos de bacalao, hojaldre de chistorra y croquetas, solamente dos por cabeza y de tamaño minúsculo. Llamarle a eso croquetas me ha parecido un despropósito, y además su calidad no era gran cosa; estoy casi seguro que eran congeladas, y proclamo que yo, que tengo todavía una cuenta pendiente con la elaboración croquetil, supero con creces esas croquetas. Y una crítica similar puedo realizar a los otros fritos, salvo que yo nunca los he tratado de realizar.
El tercer plato era la ensalada de escarola con boletus y vinagreta de jamón, aunque más que vinagreta era vinagre sin más, y muy fuerte. Esto es ya más subjetivo, ya que es cierto que el fuerte sabor del vinagre no es demasiado de mi agrado. Una crítica más objetiva es la del boletus, que estaba soso, y la escarola, servida con el tallo, que creo que no se come (aunque igual sí, no lo sé). Añadir que la cantidad es también escasa, eso si, servida de forma muy bonita y tal (nos encontramos con esa pretensión de la cocina "de lujo" de envolver la realidad con una bonita máscara). A continuación los medallones de buey (cuatro) con salsa, un poquitín d epuré de patata y un pimiento. El puré de patata era de sobre, o al menos es el más cercano que he probado al puré de patata de sobre que comí en Bolonia cuando Istvan (mi compañero húngaro) lo había comprado y le sobró una noche y me lo dió. Los medallones de buey hay que decir que estaban deliciosos, aunque de nuevo fallamos en la cantidad. Por último el postre, una bola de helado y un hojaldre, bastante rico pero nada excepcional. A todo ello le acompañaba la bebida (el vino tinto estaba bastante bueno, el blanco no tanto) que te rellenaban los camareros nada más descendía el contenido de la mitad de la copa (el glamour de tener a un tipo medio de esclavo echándote vino cada dos por tres frente a lo bonito que es irte llenando tú la copa cuando te dé la gana...) y una copita de cava al final, además del café. La pregunta es: ¿valen 61€ eso? Yo diría que lo que nos han cobrado es el boato del lugar (que tampoco es tal, he estado en sitios mucho más elegantes a su manera) y la pesada servidumbre. Pero eso no cuesta ni un cuarto, y el menú ni un sexto del precio total. Por ello, como ya he dicho, me siento estafado. Y me siento estafado sobre todo porque, pese a que ya me prefiguraba algo así, confiaba en que la cosa iba a ser menos grotesca. Y menos mal que la cantidad de vino pimplada amortizó cierto porcentaje de la inversión.