domingo, 31 de octubre de 2010

De lolitas y efebófilos

Vuelvo a la carga, y a ver si vuelvo a escribir más regularmente, para comentar unas cuantas cosas en torno a las declaraciones de Dragó y sus detractores.
Comencemos, cómo no, por el principio. Dragó confesaba en su último libro, "Dios los cría... y ellos hablan de sexo, drogas, España, corrupción..." que había mantenido en los 60 un romance con dos japonesitas de 13 años, jactándose de que podía contarlo porque el delito había ya proscrito. Ante las críticas a estas declaraciones, Dragó se "defendió" (sí, entre comillas), sin tener por qué hacerlo, alegando que realmente no tendrían esa edad, ya que los japoneses en general parecen ser más jovenes etc... También hizo algunas definiciones de las chavalitas, en las que no me voy a meter porque no vienen del todo al caso, pero sólo decir que, jocosamente, me parecen acertadas, aunque algunos términos no son adecuados.
El caso es que se ha despertado la polémica, que era lo que justamente el propio Dragó quería: contar una anécdota, creo que inventada (ya le hubiese gustado a él) para poner de relieve un tema moral candente. La edad de consentimiento en España está en los 13 años, pero la moral imperante ve como una aberración una relación sexual (y ni siquiera sin llegar a eso) de un adulto con alguien de esa edad.
Y he ahí el debate: ¿es correcta la edad de consentimiento? ¿Es reprobable lo que Dragó supuestamente hizo?
Mi respuestas son sí y no, respectivamente. ¿Por qué? Porque a esa edad, en términos generales, se está pasando o se ha pasado ya la pubertad, principalmente en las mujeres (precisamente las que más en contra están, por lo que veo), y con la educación sexual que a esa edad ya tienen los chavalillos deberían ser ya conscientes de lo que entraña el "problema" planteado. He oído hablar (o más bien leído) de protección a estos menores... el problema no radica en tener que protegerles legalmente, si no en educarles adecuadamente, de manera que ellos puedan decidir libremente. Porque hablamos de consentimiento, no de violación, que parece que hay gente que no sabe distinguir.
Otro punto en el que me gustaría incidir es en la terminología utilizada. Se está tildando al susodicho Dragó de pedófilo, cuando el término correcto es efebófilo. Pedofilia, como su etimología indica, está referida a los niños, mientras que para los adolescentes el término exacto es efebofilia. Lo gracioso es ver cómo la propia RAE incurre en este error de confundir una cosa con otra.
En última instancia estamos hablando de un debate moral. Piden la subida de la edad de consentimiento sin pararse a pensar que una cosa son las leyes y otra tus postulados morales. Las leyes están (o más bien deberían estar) para garantizar el respeto a las libertades, no como algo ajustado a normas morales impuestas. La ley puede permitir algo que no dañe la libertad de nadie, pero con lo que uno pueda estar moralmente en contra, como es este caso o el del aborto, por poner otro ejemplo.
En fin, un debate en el que hay demasiada hipocresía y falta de conocimiento de por medio.